¡MARC ROTHEMUND TAMBIEN HABLA!
ENTREVISTA
CON UN DIRECTOR CON HORMIGAS…
[
Algo mas sobre el
Director ]
Cómo surgió la idea de
hacer Hormigas entre las piernas?
¿Cuándo fue esto? ¿Cuál es su punto fuerte,
Sr. Rothemund? ¿Por qué su película
transcurre en una ciudad chica?
La
idea fue de Bernd Eichinger. Yo había sido asistente de dirección de su película
para televisión La chica Rosemarie (Mädchen
Rosemarie). Eichinger me había dicho que siempre había querido hacer una
película sobre el despertar sexual de un adolescente, y eso era justamente lo
que yo también quería hacer. Vio mi debut cinematográfico (El
extraño comportamiento de los habitantes de la gran ciudad en la época de
apareamiento) y le gustó
mucho, y por eso se me acercó y me preguntó si quería que la hiciéramos.
A
principios de noviembre de 1998. Nos reunimos para considerar cómo encararíamos
el tema. Fue ahí cuando él hizo la propuesta del pene parlante.
A
mí me pareció gracioso. Al finalizar la velada ya habíamos decidido que la
historia comenzaría la mañana en que Florian es despertado de golpe al mundo
del erotismo y surge su interés por el encanto de la feminidad, todo eso en
forma de una voz interior que literalmente lo arrastra.
Con
Granz Henman y él desarrollamos el guión y discutimos los pasos decisivos de
la fase de preparación. Luego, durante la filmación, yo tuve carta blanca.
Recién cuando estábamos en la etapa de montaje Bernd se reincorporó al
proyecto. La ventaja de esto fue que él estaba distanciado del material y podía
aportar buenos consejos.
El
lema en comedia es: ¡velocidad!. O sea, retrasar al máximo la entrada en
escena y anticipar al máximo la salida consiguiente. Bernd tiene un increíble
sentido para la comedia.
Me
imagino que el haber inculcado a la historia un cierto encanto y ese humor en
cierta medida sutil. Pero siempre estuvo claro para nosotros que teníamos una
meta común. Así que él aportaba algo, yo aportaba algo y, a veces, también
discutíamos. Pero siempre sabíamos a dónde queríamos llegar.
Una
vez que estuvimos de acuerdo sobre nuestro tema –adolescentes, el despertar de
la sexualidad o, más precisamente, el surgimiento del interés por las mujeres,
y todo eso tan divertido y encantador como fuera posible– les escribimos a
distintos autores y ellos nos mandaron diez páginas cada uno. Después de
leerlas, nos decidimos rápidamente por Granz Henman.
Su
borrador era simplemente el mejor, tenía ritmo y un humor increíble. Por
ejemplo, los diálogos con Red Bull. Bernd ya conocía a Granz por El
oso polar (Der Eisbär).
Después
de El extraño comportamiento de los
habitantes de la gran ciudad en la época de apareamiento, yo había
decidido hacer algo distinto. Trabajé dos o tres meses en un proyecto sobre la
paidofilia en Alemania, sobre el tráfico de niños, sin que se viera el crimen,
sólo la fachada burguesa y su doble moral. Era una película muy lúgubre.
Lamentablemente, a causa de los fondos solicitados, el tiempo comenzó a
apremiar y me retiré del proyecto, pues para mí el tema no había madurado lo
suficiente, por el apuro. Y ahí apareció Bernd con Hormigas entre las piernas.
Al
principio consideramos la posibilidad de filmar Hormigas entre las piernas en Berlín o en Munich. Pero como nos habíamos
propuesto hacer una comedia encantadora, preferimos crear un pequeño mundo sin
cigarrillos, drogas o prostitución, sin crítica social y sin un realismo
social crítico. Y en una ciudad pequeña esto es más fácil que en la avenida
Kurfürstendamm o en la calle Leopold. Si hubiéramos filmado en una ciudad
grande, habríamos tenido que contar nuestra historia de otra forma.
No,
pero debido al poco tiempo disponible para la filmación, los chicos estuvieron
bajo una enorme presión, especialmente porque algunos no tenían ninguna
experiencia frente a las cámaras. Filmábamos diez horas por día y ellos
recuperaban por las noches el tiempo robado a sus vidas privadas. Hubo seducción,
hicieron fiestas en sus cuartos... como nosotros hacíamos a su edad.
En
realidad, no nos fijamos tanto en su trayectoria. Lo único que habíamos visto
era que los padres, los adultos, tenían pocas escenas, pero que en ellas el timing
era especialmente importante. Así que precisábamos actores extremadamente
buenos, como Sissi Perlinger, Stefan Jürgens, Andrea Sawatzki o Christian
Schneller, que supieran interpretar sus papeles en el punto justo. Lo mismo valió
para los papeles pequeños, como el de Tina Ruland, que interpreta a la
profesora.
Lo
primero que se me ocurre no tiene nada que ver con la filmación en sí. Después
del último día de rodaje de El extraño
comportamiento de los habitantes de la gran ciudad en la época de apareamiento
me encontraba extremadamente aliviado, porque pensaba: Lo logramos. Y luego vinieron seis largos meses de posproducción.
Entonces me propuse que, después del último día de filmación de mi siguiente
película, no me alegraría tanto.
He
notado que me puedo concentrar más en los actores, que no es tan importante
preocuparse por la composición exacta de cada escena. Cuando se tiene una buena
base técnica, no hace falta ser tan detallista. Fue lo que hice esta vez. Me
dejé llevar más por los actores y reduje un poco el aspecto técnico.
Obviamente, eso sólo es posible cuando uno está rodeado de gente tan
sobresaliente como Hans-Günther Bücking en la fotografía o Nina Reich en la
asistencía de dirección, apoyados por un equipo magnífico.
Filmar
una comedia es siempre un desafío. Se debe trasladar la palabra escrita a los
cuadros correctos y sólo se puede gritar ¡Corten!
cuando se siente realmente que la escena ha resultado divertida o verosímil. En
este caso, esto también involucra al pene, que sólo entra en escena en forma
acústica. Por eso, su voz fue perfeccionada en la posproducción.
Luego
de un extenso casting, le dimos una
voz firme, que ejerce presión, se destaca y, por eso, se transforma en un
personaje con peso propio. Y creo que en la película funciona bien.
Antes
del éxito alcanzado en 1997 con El extraño
comportamiento de los habitantes de la gran ciudad en la época de apareamiento,
su debut cinematográfico, que tuvo más de 1.300.000 espectadores, Marc
Rothemund había trabajado desde 1990 como asistente de dirección. Desempeñó
esa función para Gabriel Barylli, Thomas Jauch, Helmut Dietl, Nikolai Karo y
otros, haciendo cortos publicitarios. En producciones para televisión fue
asistente de directores de renombre como Vivian Naefe (Nervenkrieg),
Dominik Graf (Sperling und das Loch in der
Wand), Heiner Carow (Vater, Mutter, Mörderkind),
Peter Keglevic (Geiselnahme im
Kindergarten), Roland Suso Richter (Svens
Geheimnis), Christian Quadflieg (Ein
unvergessliches Wochenende), Christoph Eichhorn (Der Mann auf der Bettkante) y Bernd Eichinger (Das Mädchen Rosemarie).
Rothemund
fue también el asistente alemán de Gérard Corbiaus en Farinelli, el drama de 1994
nominado para el Oscar, y de Helmut Dietl en Rossini oder die mörderische Frage, wer mit wem schlief, en 1996.
Dirigió
para la televisión los capítulos 8 y 10 de la serie Wilde Jungs del canal Sat 1 y los episodios Todesurteil für eine Dirne y Spur
des Mädchenmörders para la serie Anwalt Abel del canal ZDF, por los que
fue premiado con el Telestar. En 1998 fue galardonado con el Bayerischen
Filmpreis für die beste Nachwuchsregie.
1996
Wilde Jungs (TV, capítulos 8 y 10)
1997 Anwalt Abel: Todesurteil für eine
Dirne (TV)
1997 Anwalt Abel: Spur des Mädchenmörders
(TV)
1998
Das merkwürdige Verhalten
geschlechtsreifer Großstädter zur Paarungszeit
1999
Hormigas entre las piernas
2001
Die Hoffnung
stirbt zuletzt (TV)
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