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En el principio
fueron los labios escuálidos de Greta Garbo. Después, los bucles del color del
infierno de Rita, y más adelante aquel pliegue de piel aceituna que a la Loren
se le escapaba con toda malicia del escote, pasaporte seguro a la perdición de
cuanto varón existía sobre la tierra.
Cada época tuvo su receta propia para ccombinar los ingredientes de Eva que
modelaron ese cuerpo de mujer adorada, belleza a veces abvundante, a veces
mendiga, que de acuerdo a los vaivenes de la moda tuvo la cintura carnosa de
Claudia Cardinale, la boca acolchada de Brigitte Bardot, el perfil chato de
Twiggy o el músculo pétreo de Madonna. De una generación a otra, el espejo ha
sido testigo de la odisea que el resto de las mujeres de este mundo han
emprendido con la intención de procurar, al menos, "un aire a...".
Porque en definitiva, todas siempre han querido parecerse a aquellas que
supieron alterar pulsaciones. Las mujeres aún siguen buscando la excelencia en
el modelo atractivo sexual erótico. Consagran su autoestima a parecerse lo más
posible a lo que el hombre desea.
Greta Garbo, esbelta, con gesto lánguido y perfil de esfinge, esa mujer de
cejas afiladas abría la boca en la pantalla por primera vez en 1930. Ya se
había graduado como misterioso objeto de deseo en la película
"Celuloide" y los noventa millones de personas que semanalmente iban
al cine en los EEUU la idolatraron también por su papel en
"AnnaCristie". Por esos días, los cosméticos conquistaban a las amas
de casa, que hasta entonces habían sido prohibitivos para cierta clase de
mujeres.
En aquel mismo 1930 el cine comenzó a imponer un modelo de mujer más carnal.
La Metro Goldwyn Mayer pensó entonces que la Garbo debía reír en la pantalla
mientras otra chica, Marlene Dietrich, ponía cara de ángel azul y postulaba a
la beatificación un par de piernas que, según la leyenda, llegaron a estar
aseguradas en un millón de dólares.
Si Greta era dueña del romanticismo idealizado, Marlene fue la femme fatale de
la época. En la Segunda Guerra Mundial había demasiadas viudas jóvenes y las
mujeres salieron a la calle a seducir a los pocos hombres que quedaban. Entonces
dejaron el traje sastre y se pintaron las uñas y las bocas de rojo. El
prototipo de esta mujer es Rita Hayworth, pelirroja, de vestidos largos de
satén. Ella representó el primer avance fuerte de las curvas de la mujer
latina. Los criterios estéticos variaron según la moda y los vaivenes del
deseo. A veces, la mujer hermosa fue la que tenía mucho y daba una imagen
abundante de erotismo pleno. Otras veces, en cambio, imperó el modelo de la
carencia con mujeres muy delgadas. En 1946, Rita se quitó apenas un guante y la
platea declaró que el nuevo mito femenino debía lucir cabellera de fuego y
caderas revoltosas. En "Gilda" la chica canta "put the blanc on
mame" desparramando sex-appeal, arroja el guante y todo el mundo cree haber
presenciado el primer "strip tease" del cine Norteamericano.
Perturbadora, Rita Hayworth comenzaba a despeinar la creencia de que el éxito
personal estaba en la familia y en el hogar, principio que tembló en 1953
cuando apareció la primera edición de la revista Playboy. Con una Marilyn de
solerito en la tapa, incluía desnudos y relatos eróticos para el varón
soltero y frecuentador de señoritas. El porno empezaba a democratizarse y en
1956 en la película "Dios creó a la mujer" se mostraba desnuda a una
jovencita con destellos de hembra que cortaba la respiración. Brigitte Bardot
es el símbolo de la tentación, ella está entre nosotros. La chica picante de
melena recogida en cola de caballo no era un tipoo de belleza clásica, pero su
presencia infantil y sensual simboliza la irrupción en la sociedad patriarcal
de la mujer nque asumía su derecho a elegir y postulaba un nuevo equilibrio
entre los sexos. Brigitte era dueña de las axilas más hermosas del mundo. Con
su look naiv, de vestiditos a cuadrillé, baby dolls de nylon y biquinis
era una perfecta lolita.
A fines de los 50, Sofía Loren, puro exponente de mujer ardiente, salía del
río en los filmes que invitaban a regodearse en las curvas de aquel físico
creado a pasta asciutta. Loren ganó en una época cálida donde la expresión
del erotismo era liberadora para la gente. Mientras, entre 1964 y 1966, el ideal
de belleza tomaba tomaba como referencia el soutien de Sofía, unos treinta
millones de europeos veían el casamiento de Rainiero III Mónaco y Grace Kelly,
esa bonita de Hollywood que se convirtió en princesa fuera de la pantalla.
Nació así la fascinación que las mujeres sintieron por las damas de los
castillos, que, aunque refinadas y vestidas por Christian Dior y Chanel,
protagonizaron escándalos que aún siguen amenizando en la actualidad a la
gente común. Con los sesenta, el modelo femenino pasa por una joven despabilada
sexualmente independiente y cosmopolita. Por eso, Audrey Hepburn, cuello largo,
delgada y endeble se sorprendió cuando el diseñador Givenchy la eligió como
su modelo favorita. De ahí en más todas querían ser Audrey, una muñequita de
lujo que impuso la devoción por los cuellos bote y vestidos negros, bien
clásicos, sin mangas.
En 1981, Brigitte Bardot reconoció que había encontrado su sucesora en Claudia
Cardinale. Al año siguiente, una rubia bien tonificada y bronceada, Ursula
Andress, fue la primera chica bond, que enloquecía al público en el Agente
007.
En 1967, la modelo inglesa Twiggy, con 21 años, pisa suelo norteamericano.
Pesaba 40 kilos, usaba el cabello muy corto, se comía las uñas y era el
símbolo de igualdad entre hombres y mujeres; por eso surgió el modelo
andrógino unisex.
Después del reinado de Ursula Andress apareció una chica en biquini de piel:
era Raquel Welch, última vamp de la década de los 60.
A mediados de los 70, el modelo de belleza tenía la cara de Farrah Fawcett,
diosa incuestionable del brushing, teñida con claritos, que lucía siempre en
estado de descuidada perfección. Farrah tenía el aspecto saludable que se
imponía con la idea de que la auténtica belleza era acompañada de una dieta
sana y mucho deporte. A comienzos de los 80, Brook Shields fue el nuevo look de
la época. Perfil respingado, ojos celestísimos y silueta estilizada, su
belleza estaba basada en una hermosura moralista y puritana. Con algo más de
carga erótica, Bo Derek dejó intuir su cuerpo de atleta del otro lado de esa
camisa blanca mojada y se ganó el título de sex symbol. Las
adolescentes clonaron sus trencitas y Bo Derek reinó hasta que otra debilidad,
esta vez de ojos oscuros, rubio artificial y labios mullidos disparó erotismo
en "Nueve semanas y media", convirtiéndose en una felina comehombres:
Kim Basinger.
En los 90 las modelos desplazaron a las actrices de Hollywood como arquetipo
femenino; se inaugura la era de las "top models" con Claudia Schiffer.
Hoy conviven varios ideales de belleza, fruto del capitalismo, que se
caracteriza por una producción casi obscena. En tiempos en que hasta las
redondeces de Monica Lewinsky cautivan, las mujeres anónimas sienten un
pequeño alivio. En definitiva, nunca faltará un buen caballero que las haga
sentir reinas.
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